Somos lo que vivimos !
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Lo que el ojo ve
el ser transgrede
la mano palpa
y la memoria guarda
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Somos creación activa !

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Gimnasio Moderno - Bogotá - Colombia - Fotografía Alvaro Galindo ©
¿ Alguna vez ha entrado en un lugar sin haber puesto un pie en él ?
A mí me pasó hace algún tiempo. Estaba probando una nueva forma de hacer imágenes y, de repente, me di cuenta que ya no estaba mostrando fotos;
estaba abriendo una puerta que no existía.
Es curioso cómo cambia todo cuando uno puede detenerse donde quiere, mirar hacia arriba, girar hacia el otro lado, quedarse un rato más en el rincón que le llamó la atención.
No es lo mismo ver una foto que sentirse en ella.
Esa es la sensación: llevar un espacio hasta la pantalla de alguien, pero de una forma en la que se pueda recorrer, no solo mirar.
A veces es apenas un vistazo rápido.
Otras es quedarse más tiempo explorando cada rincón.
Y esa diferencia
— entre mostrar algo y dejar que alguien lo viva —
¡ ME ENCANTA !
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¿Alguna vez siguió un recorrido y perdió la noción de dónde iba?
Fotografiando paso a paso, empecé a imaginar algo distinto: que cada foto pudiera responder, por sí sola, "¿dónde queda esto?".
Así nació esta idea, que indiscutiblemente no es mía, pero me apropié de ella:
cada imagen va acompañada de un mapa que avanza con usted.
A medida que pasa de una foto a la siguiente, un punto se mueve y le muestra dónde quedó ese lugar
— como si alguien caminara a su lado señalándole para donde ir.—
No es lo mismo ver fotos sueltas de un sitio que entender cómo se conecta una calle con la otra,
dónde queda esa fachada que le llamó la atención respecto a la anterior, hacia dónde hay que girar para llegar al siguiente punto.
Y así, sin proponérnoslo, terminamos armando el mapa del lugar en la cabeza.
¡ NOS APRENDEMOS EL CAMINO !
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Todo lo que hay, en una sola mirada
Centro Cultural Cajicá - Cundinamarca - Colombia - Fotografía Alvaro Galindo ©
Estoy parado en un mismo punto, pero el lugar sigue sin entrar en un solo encuadre, a la izquierda queda algo que me interesa, a la derecha, también.
Así que en vez de elegir una sola toma, giro y capturo — y sigo girando y vuelvo a capturar hasta que nada se queda afuera, para después como cualquier sastre, hacer un cocido perfecto.
Hay algo distinto en mirar una panorámica. No es una foto que uno ve de un vistazo y sigue de largo; es una imagen que uno recorre con los ojos, de un ángulo al otro, y viceversa, deteniéndose donde algo le llama la atención — pieza por pieza, como se mira en nuestro mundo tridimensional.
Y quizás por eso me gustan tanto: no le muestran a uno un momento recortado, sino todo lo que había ese día, para que sea usted quien decida por dónde empezar a mirarlo.
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Un lugar cambia cuando cambiamos de óptica.
Puerto Nariño Amazonas Colombia - Fotografía Alvaro Galindo ©
Basta con ganar unos metros de altura para que el lugar deje de ser el mismo. Lo que desde el suelo era una calle, desde arriba es un patrón.
Lo que era una fachada, ahora es apenas una línea, un punto de algo mucho más grande.
Hay cosas que solo se entienden desde arriba: cómo se conecta un techo con el siguiente,
cómo se acomoda el desorden cuando se mira desde suficiente distancia.
Desde el suelo vemos partes.
Desde arriba hay bellas texturas que nadie nota al pasar, formas que solo existen vistas en conjunto,
posibilidades que ni siquiera sabíamos que estaban ahí.
Quizás por eso me gusta tanto ver desde lo alto: no reemplaza lo visto, lo completa.
Es el lugar diciendo algo que desde abajo nunca se alcanza a escuchar.

Figuras en Oro y Arcilla, culturas Tumaco - LaTolita, Colombia - Ecuador - Fotografía IA - Alvaro Galindo ©

Piezas precolombinas, recorridas en tres dimensiones
Cada Detalle, Intacto
Lo que no se puede tocar, ahora se puede recorrer.
Hay objetos que uno no puede sostener. Una figura de arcilla con más de mil años no se pasa de mano en mano,
no se gira para ver el otro lado, no se toca para sentir la textura que dejó alguien que ya no está.
Se mira desde lejos, detrás de un vidrio, y ahí se queda la curiosidad.
El láser no tiene esa limitación. Recorre el objeto entero, punto por punto, millones de veces, hasta que cada grieta,
cada huella de dedo dejada hace siglos, cada gesto tallado en la arcilla
queda registrado tal como es — sin tocarlo, sin arriesgarlo, sin perder nada.
Lo que queda no es una foto del objeto. Es el objeto mismo, convertido en algo que se puede girar, acercar,
mirar desde el ángulo que antes era imposible — el de abajo, el de atrás, el que nadie más ha visto.

