
AMAZONAS
El Amazonas se piensa siempre en verde,
un verde que no cabe, que se repite hasta el horizonte.
Quitarle el color no es negarlo: es obligar a la mirada a buscar otra cosa.
Sin el verde, lo que queda es la textura de una hoja gigante, el contraste entre
o que la luz alcanza a tocar y lo que se queda hundido en sombra, la forma exacta
de un tronco que lleva ahí más tiempo del que uno puede imaginar.
Fotografiar la selva en blanco y negro es fotografiar su estructura,
no su color: la densidad, el peso, el silencio que se siente incluso en una imagen quieta.
